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Lamine Yamal tras el cuarto gol parisino | Fuente: El País

Lamine Yamal tras el cuarto gol parisino | Fuente: El País

El Paris Saint-Germain derrotó anoche al FC Barcelona por 4-2 en el Parque de los Príncipes. Los culés, a pesar de mejorar en la segunda mitad, conocieron la derrota por primera vez esta campaña, y volvieron a sufrir pesadillas parisinas. Sin embargo, lograron competir ante el que es, ya asumido por todos, el mejor equipo de la actualidad.

El partido comenzó con un PSG muy intenso. El equipo de Luis Enrique sometió al Barcelona durante los primeros minutos del encuentro. Los hombres de Hansi Flick no arrancaron de la mejor manera y, ante la energía, la intensidad y la fuerte presión de los parisinos, sufrieron tanto en defensa como en la construcción del juego. El Barça permitió que el rival se plantase fácilmente en la frontal del área y generase un auténtico arreón ofensivo. En los primeros diez minutos, los culés perdieron cuatro balones en su propio campo y el PSG aprovechó esos errores para generar cuatro ocasiones de mucho peligro, una de ellas estrellándose en la madera.

Los azulgranas se mostraron muy imprecisos durante la primera mitad, con numerosas pérdidas en campo propio y muchas dificultades para salir jugando con fluidez. Algo que, por supuesto, aprovechó el Paris. Otra cosa no, pero veloces son los delanteros del PSG. Y mucho. Con pocos pases, conduciendo y saliendo en velocidad, se plantan rápidamente en la frontal del área. Y eso lo acusó mucho el Barça durante los primeros 45 minutos.

Con el paso de los minutos, los culés lograron contener parcialmente el vendaval ofensivo parisino. Era difícil que los locales aguantaran tanta intensidad durante tantos minutos seguidos. Sin embargo, siguieron llegando con mucha facilidad y poniendo en apuros al Barça, que terminaría acusándolo más adelante. Joan García fue clave para mantener a salvo la portería azulgrana, con una enorme actuación y varias intervenciones que evitaron que el PSG ampliara su ventaja. Un salvavidas.

Salir tan impreciso y cometer tantas pérdidas ante una delantera como la del PSG, una auténtica manada de lobos hambrientos, termina pasando factura. En el minuto 38, después de mucho aguantar atrás, llegó el primer tanto parisino de la mano de Désiré Doué. El francés aprovechó una pérdida de balón en la salida del equipo culé y, desde fuera del área, la colocó dentro de los palos de la portería defendida por el meta catalán.

A pesar de la superioridad parisina, el Barcelona también tuvo ocasiones claras. La más evidente la protagonizó Fermín, que falló un mano a mano ante Safonov. Sin embargo, los azulgranas no estuvieron cómodos en ningún momento de la primera mitad. Les costó construir, romper líneas y salir con el balón jugado de manera fluida. En ataque, el Barça dependió de los contragolpes y las salidas rápidas, pero sin demasiado éxito.

Los culés estaban acelerados, con la sensación de que les quemaba el balón. Gordon no logró ser determinante, y estuvo falto de ideas e inspiración en los metros finales. Lamine no estuvo cómodo y cometió pérdidas importantes. En ataque, algo solo ante el peligro. Mientras que Raphinha, que regresaba de lesión, parecía llegar siempre unos segundos tarde a las disputas, y estuvo a nada de materializar un par de ocasiones dentro del área.

En un partido en el que el equipo necesitaba pausa, orden, control del balón y de los tiempos, seguridad defensiva y superioridad en los duelos, echó en falta a Rodri, un jugador que aporta precisamente todo eso. Ante su ausencia, Pedri tuvo el triple de trabajo. El equipo se encomendó al canario, que tuvo que asumir el papel de Pedri y de Rodri a la vez. Fue quien encontró más soluciones mediante sus conducciones y pases, y uno de los pocos, por no decir el único, capaz de romper líneas y encontrar espacios a la espalda de sus marcadores.

Fermín aportó verticalidad, pero no estuvo acertado en los metros finales, como le ocurrió al equipo en general. A Bernal, por su parte, le pasó el partido por encima. Cubarsí no fue lo diferencial que es habitualmente con balón. Por su parte, Xavi Espart hizo una buena primera mitad, conteniendo a Kvaratskhelia y siendo de los mejores del Barcelona sobre el césped, junto a Joan García y Pedri. El Barça se mostró impreciso, con dificultades para jugar, muy poco seguro atrás e indeciso y errático en campo rival. Hubo demasiados errores individuales.

Con todo, el Barcelona consiguió llegar al descanso con un solo gol de desventaja, después de haber aguantado el vendaval ofensivo parisino sin estar cómodo ni hacer bien del todo las cosas, especialmente en defensa. Una buena noticia, porque, el Barça podía haberse marchado al vestuario con una desventaja mucho mayor. Sin embargo, supieron sufrir.

Un Barça nuevo en la segunda mitad

El Barcelona salió con otra cara totalmente distinta tras el descanso. Los hombres de Flick fueron capaces de someter al PSG a través de la posesión del balón, dominar el juego y convertirse en protagonistas con la pelota. Pausaron el juego y empezaron a ser superiores. Lograron salir jugando desde atrás con éxito y encontrar espacios a la espalda de los defensores, mediante las internadas de Fermín, las conducciones de Lamine o las incorporaciones de Xavi Espart, que se sumó a la ofensiva azulgrana y fue soltándose cada vez más en campo rival.

El canterano fue clave tanto en defensa, ganando duelos, mostrándose contundente y conteniendo al georgiano, como en ataque. Tanto es así que el empate azulgrana llegó en el minuto 55 gracias a una gran jugada suya. Espart se incorporó rápidamente al ataque, tiró una pared con Fermín, llegó en velocidad al área y definió al primer palo de Safonov para poner el 1-1 en el marcador.

Sin embargo, y a pesar de la superioridad y la comodidad azulgrana durante buena parte de la segunda mitad, el PSG volvió a golpear en el 72′. Esta vez no fue mediante una jugada elaborada, sino a balón parado. Lucas Hernández remató un córner y puso el 2-1, ganándole con demasiada facilidad el duelo a Gordon, que apenas le complicó la tarea. El Barça volvía a cometer el mismo error, concediendo en una acción a balón parado, como ya le había ocurrido en Estambul.

Los de Flick se vieron de nuevo por debajo en el marcador a pesar de haber sido superiores y de haber tenido ocasiones para ponerse por delante. Sin embargo, el equipo siguió creciendo y mostró hambre de más tras el gol parisino. Aun así, el tanto del empate no terminaba de llegar y los culés comenzaron a desesperarse con el reloj corriendo.

Hasta que, en el minuto 79, Lamine Yamal se inventó otra genialidad para volver a enchufar a los suyos al partido. Los grandes equipos siempre necesitan una estrella capaz de inventarse algo para devolverlos al encuentro, alguien que aparezca cuando las papas queman. Lamine volvió a demostrar que es ese hombre para el Barça.

El 10 azulgrana protagonizó una jugada individual espectacular, marchándose en velocidad, desbordando a su par y llegando hasta la línea de fondo para, desde un ángulo muy cerrado, batir a Safonov y colocar el 2-2. Una genialidad que volvía a meter de lleno al Barcelona en el partido.

A los culés les quedaban diez minutos, más el añadido, para intentar llevarse la victoria y conquistar París. Pero, cuando parecía que el Barça iba a crecerse, el PSG respondió de manera rapidísima. Tan solo dos minutos después, Vitinha apareció para poner el 3-2 con un golpeo exquisito desde fuera del área.

Jamás puedes dar por muerto al PSG. Y el Barcelona lo comprobó de nuevo. A partir de ese momento, los azulgranas se vinieron abajo y los parisinos aprovecharon para sentenciar el encuentro con un arreón ofensivo final. Fabián Ruiz remató a placer en el segundo palo tras la parsimonia y la desconcentración de Cancelo, que se quedó sin tapar a su marca. El 4-2 definitivo terminó de condenar a un Barça que, pese a su gran reacción, volvió a quedarse sin premio.

Se compitió, pero sin premio final

El Barça terminó perdiendo, es cierto. Durante el partido vimos muchas cosas que mejorar, ajustes por realizar y detalles por pulir. Muchos jugadores estuvieron por debajo de su nivel. Cometieron errores que terminaron siendo imperdonables, porque, al final, los cuatro goles parisinos llegaron tras errores propios. Estuvieron imprecisos, sí. El PSG es mejor equipo y ayer lo volvió a demostrar, claramente. Hay conclusiones negativas y aspectos a mejorar, también. Pero también es cierto que el resultado no hace del todo justicia a lo visto sobre el terreno de juego.

Una parte fue para cada equipo. Y las sensaciones respecto al año pasado son muy diferentes. El Barça supo competir y dejó claro que está preparado para medirse de tú a tú con los más grandes. Fue capaz de someter, durante un buen tramo del partido, al que es probablemente el mejor equipo del mundo. También logró aguantar durante buena parte del encuentro a una de las mejores ofensivas del planeta. Supo levantarse de un 1-0 y, posteriormente, de un 2-1. Mostró una cara totalmente distinta en la segunda mitad, después de unos primeros 45 minutos bastante justitos.

La realidad es que el Barça sabe reaccionar. Solo necesita que le acompañe un poco la suerte y que, como he dicho, se ajusten y se sigan puliendo ciertos detalles. El partido de ayer fue, durante muchos momentos, un reflejo de lo que puede llegar a ser este Barça de Flick.

También hay que tener en cuenta que el equipo no llegó en sus mejores condiciones. Las lesiones y la gestión de minutos y cargas, pensando en el Clásico del domingo, terminaron condicionando al Barça. Raphinha no llegó al cien por cien, Koundé y Eric García estaban lesionados y Rodri y Pedri no pudieron coincidir durante todo el encuentro, con la mirada puesta también en el Clásico. Olmo, quien estaba realizando muy buenos minutos, se tuvo que marchar lesionado.

El Barcelona terminó condenado por sus propios errores. Y al PSG no le puedes conceder ni media, porque con muy poco es capaz de hacer muchísimo daño. Los parisinos volvieron a demostrar que tienen esa capacidad para castigar cualquier despiste y que, cuando el partido se decide en los detalles, no suelen perdonar.

Se pueden extraer muchas conclusiones negativas, pero también muchas positivas. No se debe ser catastrofista. La realidad es que el Barça compitió, pero todavía le falta muy poquito para llegar a lo más alto del fútbol europeo. Esta vez no fue suficiente para evitar un nuevo tropiezo y volver a sufrir pesadillas parisinas. Los azulgranas demostraron que pueden mirar de frente a los mejores, aunque también que, para reinar en Europa, todavía deben pulir cosas y corregir errores que ante equipos de este nivel se pagan muy caros.

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Autor: Jan Sierra | Twitter: @jansierrafcb

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