Brasil 3-0 Haití: Vinícius y Cunha hacen bailar a la ‘Canarinha’

PHILADELPHIA, PENNSYLVANIA - JUNE 19: Matheus Cunha #9 of Brazil celebrates with Vinicius Junior #7 after scoring the team's first goal during the FIFA World Cup 2026 Group C match between Brazil and Haiti at Philadelphia Stadium on June 19, 2026 in Philadelphia, Pennsylvania. (Photo by Shaun Botterill - FIFA/FIFA via Getty Images)
Brasil cumplió el guion… pero el partido dejó más cicatrices de las esperadas en una noche que empezó como trámite y acabó con preocupación. En Filadelfia, la Canarinha salió con la etiqueta de favorita aplastante y lo demostró desde el primer minuto. Haití resistía como podía, pero la sensación era la de un asedio continuo. El primer golpe pudo llegar pronto, aunque el gol de Raphinha fue anulado por fuera de juego. Fue un aviso.
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Brasil no tardó en abrir la lata. En el 24’, un disparo de Vinícius Júnior, con rebote incluido, terminó convertido en el 1-0 tras el oportunismo de Matheus Cunha. A partir de ahí, el partido se inclinó definitivamente. Haití aguantaba, pero sin salida.
El segundo llegó con una jugada de vértigo: recuperación, conducción y definición. Otra vez Cunha, que firmaba su doblete para el 2-0 y encarrilaba el duelo con una autoridad casi insultante. Pero el gran giro del partido no estaba en el marcador. En el minuto 40, el estadio se quedó en silencio. Raphinha se echó la mano al muslo y pidió el cambio. El gesto era claro: no podía seguir. Salió con rostro serio, dejando a Brasil con una preocupación enorme. La imagen del atacante del Barcelona sentado en el banquillo, cabizbajo, marcó el partido más que cualquier gol.
Antes del descanso, aún hubo tiempo para el golpe definitivo: Vinícius, otra vez él, apareció para firmar el 3-0 tras un pase filtrado de Lucas Paquetá. Partido resuelto en media hora larga… pero con coste.
En la segunda parte, Brasil bajó revoluciones. Haití movió el banquillo, intentó resistir con dignidad, pero el dominio seguía siendo brasileño. Carlo Ancelotti aprovechó para dar minutos y probar variantes. Entraron jugadores como Endrick, que vivió un momento simbólico: incluso llegó a marcar, pero su gol fue anulado por fuera de juego. También hubo tiempo para rotaciones en el medio campo, con cambios de ritmo y control absoluto de un Brasil que ya jugaba más con el cronómetro que con el riesgo.
El tramo final dejó poco fútbol y mucha gestión. Haití intentó evitar una goleada mayor, Brasil no quiso pisar el acelerador. El resultado ya estaba escrito desde hacía mucho. El 3-0 final refleja la superioridad, sí, pero el verdadero titular de la noche no está en el marcador: está en la incertidumbre por el estado de Raphinha, el jugador que encendió todas las alarmas en un partido que, en teoría, debía ser el más tranquilo del Mundial para Brasil.
