La condena del genio

Lamine Yamal vs Rayo Vallecano | Photo by David Ramos/Getty Images
Este sábado, ante el Betis, Lamine Yamal volvió a brillar. Firmó un auténtico golazo y lideró al Barça hacia una nueva victoria. Una vez más, disipando dudas y respondiendo a las críticas.
A principios de temporada, la estrella azulgrana fue duramente azotada por una avalancha de críticas y dudas respecto a su nivel futbolístico y su compromiso con el equipo. Tras un Mundial en el que, a pesar de acabar con el trofeo en sus manos, no brilló como nos tiene acostumbrados, todos los focos estaban puestos sobre la joven perla blaugrana.
Durante el torneo, un gran sector de la afición y de la prensa se unieron para cuestionar a Lamine desde el primer día. Todo ello sin tener en cuenta que no había llegado a la cita mundialista en las mejores condiciones físicas. Volvía de una lesión y todavía no estaba al cien por cien. Eso le obligó a dosificarse y le impidió disputar los partidos completos durante la fase de grupos. Tampoco parecía importar que fuera su primera aparición en el torneo más grande y exigente del panorama futbolístico mundial.
Y, a pesar de acabar conquistando la segunda estrella para la selección española, Lamine fue criticado y puesto en duda por su actuación en el campeonato. Con todo, el foco quedaba puesto en él de cara al arranque de la temporada de clubes.
Llegó agosto, y con él, el inicio del campeonato liguero. El Barça disputaba su primera jornada fuera de casa ante el Elche. Los de Flick endosaron cinco goles al cuadro ilicitano y se llevaron los primeros tres puntos de la temporada a Barcelona. No obstante, el partido de Lamine fue discreto. No sumó ni gol ni asistencia y tampoco tuvo una incidencia especialmente destacada en la victoria culé.
El de Mataró fue sustituido en el minuto 65 y, mientras abandonaba el terreno de juego, mostró un rostro de descontento. Minutos después, sentado en el banquillo, su expresión tampoco pasó desapercibida. Las críticas no tardaron en llegar y sus detractores aprovecharon para volver a cargar contra él. Se dijo que no estaba contento, que no se sentía cómodo en el Barça, que ya no era el mismo de antes, que su nivel había bajado, que «la estrellita al final no era para tanto»… Lamine aguardaba su respuesta para el siguiente partido.
El siguiente encuentro del Barcelona era ante el Athletic Club, el primero de la temporada en el Camp Nou. Un escenario ideal para responder a todas esas dudas que llevaba cargando desde hacía meses. El Barça ganó 2-0, pero Lamine volvió a marcharse sin marcar ni asistir. Y las críticas continuaron. Le exigían números. Se cuestionaba su felicidad en Barcelona y se daba prácticamente por hecho que el futbolista que había maravillado al mundo ya no era el mismo.
Tercera jornada. El Rayo Vallecano visita al Barça. Los de Flick golean por 5-2. Doblete de Lamine Yamal. El diez se besa el escudo. Cuarta jornada. El Barcelona se enfrenta al Valencia en Mestalla. 0-5. Otro doblete de Lamine. Quinta jornada. El Barça visita el Ciutat de València. 2-5. Tercer doblete consecutivo. Le exigían números. Él respondió.
Desde aquella victoria ante el Levante, Lamine ha seguido sumando actuaciones decisivas y protagonismo en el equipo. Los números acumulados en este arranque de temporada hablan por sí solos. En totaha disputado 15 partidos, repartidos en 1112. Suma 13 goles y 1 asistencia entre club y selección. Se trata del segundo jugador que más números suma esta campaña, por detrás de su compañero Raphinha que tiene uno más. Goles, asistencias y una influencia cada vez mayor en el juego del Barcelona.
Tras un inicio liguero agridulce en las dos primeras jornadas, Lamine Yamal se ha echado al Barça a la espalda y ha sido el principal protagonista de la excelente dinámica del equipo. Dentro del campo, es el líder del equipo. Cuando las papas queman, es él quien sale a salvar a los suyos. El pasado martes, ante el Galatasaray, firmó una segunda parte de escándalo y empujó al Barça a la victoria. En cada partido deja acciones de auténtico mago. Ante el cuadro turco dejó también un regate mágico que maravilló al mundo entero. Este sábado, ante el Betis, firmó un auténtico golazo, con un golpeo exquisito desde el pico del área bética. Un gol al alcance de genios. Entre otros mucho más trucos de magia.
Le exigían números, respondió. Le exigían incidencia en el juego, respondió. Le exigían liderazgo, respondió. Le exigían su magia, respondió. La pregunta es, ¿Qué criticarán ahora?
El precio de ser distinto
Lamine es un mago. Un genio. Alguien tocado por la varita. Escasean las definiciones cuando se trata de explicar lo que es capaz de hacer con un balón en los pies. En definitiva, un elegido.
Como él hay muy pocos en el mundo. Y pertenecer a ese grupo tiene un precio. Es una condena, porque estás condenado a la excelencia constante. A que cada partido sea un examen. A que cada actuación discreta y cada error adquiera una dimensión que no tendría en ningún otro futbolista. A la crítica sistemática, a la exigencia desmedida y constante y a la envidia. Es la condena del genio.
Horque, hace apenas unos años, cuando Lamine todavía era más joven de lo que es ahora, ya había quienes advertían que era demasiado pronto para hablar de un talento generacional. Que lo verdaderamente difícil no era llegar, sino mantenerse. Que el fútbol estaba lleno de jóvenes promesas que deslumbraron durante unos meses y terminaron perdiéndose por el camino. Que todavía tenía mucho que demostrar.
Y tenían razón en una cosa, tenía mucho que demostrar. Lamine no ha dejado de hacerlo. Desde su debut, no ha parado de crecer. Cada temporada es un futbolista más completo, más determinante, más goleador, más maduro. Ha ido asumiendo responsabilidades, ganando peso en el equipo y convirtiéndose en ese alguien a quien sus compañeros necesitan cuando todo se pone en contra. Sin embargo, parece que con Lamine nunca es suficiente.
Cada año aparece una nueva discusión sobre su nivel. Que si se exagera con él. Que si todavía no ha hecho tanto. Que si hay otros que están a su altura o que incluso pueden superarlo. Durante su corta carrera, su nombre ha sido el centro de innumerables debates con otros jóvenes talentos: Endrick, Arda Güler, Doué, Olise, Mbappé… Sus rivales han ido pasando, y el único que ha quedado siempre en el debate era y es Lamine. Cada día, tiene menos rivales.
No hay nada malo en comparar futbolistas. El fútbol vive de los debates, de las opiniones y de las rivalidades. El problema llega cuando la comparación deja de servir para analizar el juego y se convierte en una necesidad constante de rebajar a uno para ensalzar a otro. Cuando ya no basta con reconocer el talento ajeno y es imprescindible encontrarle un defecto, una debilidad o un motivo para cuestionarlo. Esto tiene un nombre: miedo.
Con Lamine sucede algo único para un genio tan joven. Su talento ha elevado tanto las expectativas que se le exige no solo ser decisivo, sino serlo siempre. No basta con que juegue bien, tiene que marcar. No basta con que marque: tiene que asistir. No basta con que decida un partido, tiene que hacerlo de una manera que vuelva a recordar al mundo que estamos ante alguien especial. Y cuando no lo consigue durante noventa minutos, o durante dos partidos, empiezan las dudas.
Es la paradoja de los elegidos. Cuanto más extraordinario es lo que haces, más rápido deja de parecer extraordinario. Lo que ayer nos maravillaba, hoy lo damos por hecho.
Pero también hay otra cara de esa condena. Porque el talento extraordinario no solo genera admiración. También despierta rivalidad, rechazo y, en algunos casos, envidia. Cuando alguien destaca de una manera tan evidente, siempre habrá quien intente encontrar razones para restarle mérito.
Porque los genios viven condenados. Condenados a la exigencia, al escrutinio y a tener que demostrar una y otra vez aquello que los hace diferentes. Algunos dejan que el ruido les mate, otros aprenden a convivir con él. Sin embargo, solo a los mejores genios se alimentan del ruido. Lamine pertenece a este selecto grupo.
No importa cuán grande sea la condena, Lamine siempre encuentra la manera de salir indemne. Sabe que tendrá que convivir con las críticas, pero también sabe que no hay mejor respuesta que su magia. Y mientras unos buscan motivos para cuestionarlo, él sigue haciendo lo que mejor sabe, maravillando al mundo con un balón en los pies. Y así lo ha vuelto a hacer esta temporada, sacándose de encima una mochila de criticas, dudas y envidia que llevaba cargando meses.
Al final, él sabe que detrás de las críticas hay envidia y miedo. Y a un genio como él, le encanta ser la envidia y el terror del mundo entero.
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Autor: Jan Sierra | Twitter: @jansierrafcb
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