El Barça se agiganta en el inferno turco

Lamine Yamal y Fermín celebrando el segundo tanto culé | Fuente: El Periódico
El FC Barcelona derrotó anoche al Galatasaray por 1-4 en una noche europea de esas que refuerzan la confianza y disparan la ilusión de todo el barcelonismo. Una remontada de carácter y una goleada que reafirman el aplastante nivel de los culés esta campaña y que aseguran que este Barça sabe competir en escenarios de mayor nivel y exigencia.
El equipo de Hansi Flick afrontaba uno de los primeros exámenes serios de la temporada ante el Galatasaray. Las grandes noches de competición europea regresaban para el Barcelona, en uno de los escenarios más hostiles del fútbol europeo, el apodado ‘infierno turco’. Los culés afrontaban una prueba que exigía personalidad, concentración, madurez y saber sufrir. Un partido que comenzaría a dar indicios del alcance al que podía llegar este Barça.
Los azulgrana aprobaron con creces. Una victoria de mucho mérito, muy trabajada, en la que demostraron que las raíces comienzan a dar sus frutos en abundancia, que la base de este equipo ya está formada y es sólida, y que solo faltan por perfilar algunos detalles para alcanzar la excelencia, si es que no se ha alcanzado ya. Porque, ahora mismo, lo único que separa al Barça de Flick de esa excelencia es que esta racha se mantenga en el tiempo. Pero eso es cosa del futuro. Por el momento, el equipo de Flick es una máquina aplastante, una apisonadora. La victoria de ayer es una muestra de que este equipo ha madurado y de que, si sigue por este camino, puede aspirar a levantar muchos títulos esta temporada.
Un examen de madurez en el inferno turco
El partido comenzó con muchas dificultades para el Barcelona, como era de esperar. Ante la baja de Raphinha, Dani Olmo ocupó la posición de 9, donde se le vio incómodo y sin esa sutileza con el balón que le caracteriza. Impreciso, errático y acelerado. La falta de claridad del Barça arriba se completaba con un Lamine que parecía no haber entrado todavía en el partido, mucho más desapercibido de lo habitual. A Gordon, por su parte, se le vio trabajador, pero le faltó acierto cerca del área y dentro de ella. Ofensivamente, no estaba siendo el mejor día para el Barcelona. Sin embargo, los culés dominaban el partido, jugando al ritmo de ese Pedri-Rodri. Sin pasar demasiados apuros, presionando bien, incomodando a los turcos y trabajando sin balón.
Defensivamente, el equipo se encontraba seguro, pero sufrió en las pocas llegadas del conjunto turco, que siguió su plan al pie de la letra. Apretar con mucha intensidad y presionar muy arriba para incomodar la salida de balón y el dominio del Barcelona. No estaban consiguiendo hacerle demasiado daño, pero sabían que tenían un par de recursos para lograrlo. Sus opciones en ataque pasaban por salir al contragolpe y pillar a los defensores azulgrana a la espalda con sus tres velocistas de ataque.
Lo tenían muy claro y lo ejecutaron a la perfección cuando tuvieron la oportunidad. Así ocurrió en una acción en la que Eric García se vio superado por Rafael Leao. El portugués lideró uno de los primeros contragolpes del equipo turco y puso al Galatasaray por delante en el marcador. Las dudas atormentaron a los culés y el Galatasaray se hizo grande. Los turcos lograron imponer un partido de ida y vuelta, de transiciones rápidas y de ritmo alto, algo que no les convenía en absoluto a los hombres de Hansi Flick.
El dominio azulgrana se esfumó y los turcos estuvieron a punto de aprovecharlo por partida doble. Menos de diez minutos después del primer tanto, Yilmaz anotaba en un saque de esquina. El equipo de Okan Buruk aprovechó un contragolpe y una acción a balón parado para ampliar su ventaja, mientras la grada, cada vez más encendida, empequeñecía al Barça. Sin embargo, apareció el VAR, que se puso la capa de héroe y salvó al Barcelona de lo que podía haber sido un gran problema al anular el gol. Y esta es, precisamente, la suerte que también hace falta en noches como esta.
A partir de ese momento, el equipo de Flick pareció revivir y volvió a enchufarse al partido. Regresó el dominio culé, se volvió a jugar a lo que el Barça quería y Pedri y Rodri bajaron el ritmo para rebajar un poco el subidón turco. El Barça lograría entonces la tarea más complicada: igualar el marcador antes del descanso.
El tanto azulgrana llegaría en una jugada aislada. Un balón que parecía perdido en la frontal del área acabó en los pies de los turcos, pero Olmo reaccionó rápidamente para puntearlo y recuperar la posesión para el Barcelona. Le cayó a Cancelo, quien, con un enorme instinto ofensivo, estaba bien colocado, atento a una posible segunda jugada. Gordon, que se encontraba en medio, se apartó al saber que estaba en fuera de juego, y el portugués la mandó al fondo de la portería de Çakir con un remate inapelable.
Una segunda parte de festival
Llegó la segunda parte y, con ella, apareció otro Barça completamente distinto. El aviso de los primeros 45 minutos había calado en el equipo culé, que salió en modo apisonadora. Tanto es así que, a los cinco minutos de la reanudación, los azulgrana se ponían por delante y culminaban la remontada.
Lamine Yamal puso un caramelo al área que Fermín aprovechó de la manera que mejor sabe: llegando desde atrás y rematando entre los tres palos. Tan solo tres minutos después llegaría el tercero. De nuevo, el 10 del Barça se vistió de mago con una jugada extraterrestre. Lamine se inventó un regate, una rabona-amague que le sirvió para regalarle el gol a Gordon. Una genialidad que quedará para el recuerdo.
Doce minutos después llegaría el cuarto tanto, que terminaría de cerrar el festival culé en Estambul. Adeyemi cruzó un balón raso a la esquina de la portería del meta turco y tardó apenas seis minutos en ver puerta. El Barça había pasado de sufrir en la primera parte a firmar una goleada incontestable.
Una reacción a la altura de muy pocos.
Un Barça más competitivo y con un techo más alto
El mismo Olmo que no estaba teniendo un buen partido acabó siendo decisivo en la jugada del empate azulgrana. El mismo Gordon que no encontraba la efectividad de cara a puerta terminó poniendo el tercero en el marcador. Y el mismo Lamine que parecía desaparecido en la primera mitad se marchó con un MVP indiscutible, una exhibición en la segunda parte y dos asistencias en su cuenta. Jugadores que no dejan de intentarlo y que, aunque no tengan su mejor día, siguen siendo diferenciales y capaces de marcar la diferencia en el juego o en el marcador.
El Barça, que no estuvo cómodo durante un buen tramo de la primera parte y llegó a verse dos goles por debajo en el marcador, fue capaz de marcharse al descanso con el empate y llegar al final con una goleada a favor. Remontó y goleó. Una muestra de que este equipo sabe sufrir, gestionar diferentes momentos y contextos de partido, encontrar soluciones y, sobre todo, levantarse cuando las cosas se tuercen.
Anoche, además, tuvo algo que había echado de menos en muchas noches europeas, la suerte. Porque apareció el VAR y anuló el segundo tanto turco, una decisión que devolvió al Barça al partido y le permitió seguir con vida. La suerte, ese factor que todos los clubes necesitan en noches como esta. El encuentro de ayer fue otra muestra de que este Barça es mucho más maduro que antes.
Otro aspecto que nos dejó claro el partido es que no hay un solo jugador que no esté enchufado en este equipo y que ahora se disfruta de una profundidad de plantilla mucho mayor. Salió Gordon y entró Adeyemi. A los seis minutos, el alemán ya había visto portería. Aprovecha sus minutos al máximo. Salió Gabriel Jesus y se marchó con una asistencia y muy buenos minutos. Descansó Xavi Espart y Cancelo firmó un gran partido, con un recital ofensivo y un gol de categoría.
Falta Raphinha y el equipo sigue goleando como el primer día. La capacidad de Flick para transmitir confianza a los suyos es excelente. Transforma a sus jugadores y los mantiene enchufados, preparados para aprovechar cada oportunidad. El nivel de competitividad de este Barcelona es apabullante. Una máquina asfixiante durante los 90 minutos, con, durante los 90 minutos, jugadores que quieren aprovechar sus minutos al máximo.
Y es que el Barça cuenta ahora con una profundidad de plantilla y un fondo de armario de una calidad altísima, algo que hacía años que no se veía en Barcelona y que resulta clave para competir durante toda una temporada. Este equipo tiene recursos de sobra para mantener el nivel, cambiar la dinámica de un partido y seguir siendo una apisonadora incluso cuando las cosas no salen como estaban previstas.
Por primera vez, los hombres de Hansi Flick se han enfrentado a un escenario de máxima exigencia, responsabilidad y competitividad, y han demostrado que también saben competir en este tipo de noches y, además, golear. Un gran golpe de autoridad. Una cosa nos queda clara. Están más que preparados para medirse al PSG y al Real Madrid. Y quién sabe, quizá también para mantener esta racha goleadora ante ellos.
Este Barça, es mucho más competitivo y ha elevado su techo. Promete mucho y puede soñar con cosas grandes.
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Autor: Jan Sierra | Twitter: @jansierrafcb
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