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Arrodíllense ante Luis Enrique

Luis Enrique celebrando su segundo titulo de Champions League | Photo by Lars Baron/Getty Images

Luis Enrique celebrando su segundo titulo de Champions League | Photo by Lars Baron/Getty Images

6 de junio de 2015. El FC Barcelona se proclama campeón de la UEFA Champions League por quinta vez en su historia tras derrotar a la Juventus de Turín por 3-1. De la mano de Luis Enrique, los culés consuman el triplete tras una temporada excepcional. El técnico asturiano tocaba el cielo en su primera temporada al frente del banquillo azulgrana.

9 de julio de 2018. Tras cerrar su etapa en el conjunto azulgrana la temporada anterior, Luis Enrique es presentado como nuevo seleccionador español. La Roja busca iniciar una nueva era tras el fracaso en el Mundial de Rusia 2018, con el asturiano como líder del proyecto. 19 de junio de 2019. Lucho anuncia que deja el cargo por “motivos familiares de fuerza mayor”, sin especificar la razón exacta. 29 de agosto de 2019. Fallece Xana, la hija de Luis Enrique, tras luchar contra un osteosarcoma (cáncer de hueso). 19 de noviembre de 2019. Tras vivir, probablemente, los meses más duros de su vida, con el corazón roto pero lleno de determinación, Lucho regresa al banquillo de la selección española. 8 de diciembre de 2022. Tres años más tarde, tras una campaña de críticas y desgaste mediático, se anuncia su destitución después de la eliminación de España ante Marruecos en el Mundial de Catar.

5 de julio de 2023. Tras un periodo de incertidumbre sobre su futuro, el PSG hace oficial su contratación como nuevo entrenador. El conjunto parisino, desesperado por conseguir su tan ansiada Champions, pone su confianza en el técnico asturiano, que lleno de ambición prepara una revolución en París. 1 de mayo de 2024, el PSG cae eliminado en semifinales de la Champions tras perder por 1-0 ante el Borussia Dortmund. Las dudas y las críticas llenan las calles de París y los aficionados piden la cabeza de Lucho. 3 de junio de 2024. Un més después, se confirma el fichaje de Kylian Mbappé por el Real Madrid. El mundo del fútbol da por hecho que el PSG no sería sin su mayor estrella. Nadie confía en Lucho y su equipo. Sin embargo este era solo el inicio de su plan.

31 de mayo de 2025. El PSG conquista su primera “orejona” tras golear 5-0 al Inter de Milán en la final. Cosas del destino, diez años después de aquel triplete en Berlín con el Barcelona, Lucho vuelve a tocar la gloria en Alemania, en Múnich, esta vez con el Paris Saint-Germain. El técnico español es ya una figura venerada en la capital francesa. 30 de mayo de 2026. El PSG revalida el título de Champions tras imponerse al Arsenal en la tanda de penaltis. La hegemonía parisina se consolida. Lucho ha callado muchas bocas.

El ‘método Lucho’

Hay entrenadores que ganan sin dejar huella. Otros que dejan huella pero no ganan. Pocos logran las dos cosas. Luis Enrique es uno de ellos. El asturiano forma parte de ese selecto grupo de técnicos que dejan impronta tanto en las vitrinas como en la identidad de los equipos que dirigen. Y aunque a primera vista parezcan cosas distintas, van de la mano. Cuando las logras juntas, creas algo más grande que un título. Creas un legado. Cambias la mentalidad de un vestuario, su forma de competir, su manera de entender el juego. Porque puedes ganar títulos sin todo esto, claro que puedes. Pero sin ambas cosas, los trofeos acaban cogiendo polvo y se convierten en un número más. Un legado, en cambio, queda para siempre. Lucho lo construyó en Barcelona. Ahora lo ha logrado en París.

Aunque, para entender a Luis, hay que desprenderse de la marea de tópicos que navegan a su alrededor constantemente. Polémico porque es directo hasta la incomodidad. Porque dice lo que piensa sin importarle los titulares que saldrán al día siguiente. Porque quiere el control absoluto de sus equipos. Desde el terreno de juego y el vestuario hasta la dirección. Porque no tiene paciencia con quien no entiende sus ideas y, más allá de no entenderlas, se dedica a cuestionarlas públicamente.  Todo esto le ha llevado a ser una figura polémica en un mundo tan incomprendido y complejo como el fútbol profesional. Pero Lucho es así porque, ¿Quién va a conocer mejor su equipo que él? ¿Quién va a saber lo que quiere plasmar en el campo mejor que alguien que lleva toda su vida en este deporte, primero como jugador y luego como entrenador?

El otro gran tópico que se le suele asignar es el de la soberbia. Catalogan a Luis Enrique como aquel entrenador que se cree superior, que habla por encima de todos, que no acepta críticas. Cierto es que Luis Enrique no se muerde la lengua. Prefiere hablar directamente con los aficionados a través de Twitch antes que dedicarle tiempo a la prensa y a los medios de comunicación convencionales. Que en rueda de prensa no se corta y deja claro que hay opiniones que no merecen respeto. Pero hay una línea muy fina entre la soberbia y la convicción. Porque puedes decir que tienes razón pero no demostrarlo. En cambio, decir creer que tienes razón y demostrarlo, es convicción. Luis Enrique siempre ha hecho lo segundo.

Y como estos hay mil tópicos más, pero la realidad es que Luis Enrique se ha encargado de demostrar que este deporte está lleno de opinadores que hablan desde fuera sin entender lo que ocurre dentro. Por eso, Lucho no es un presuntuoso. Simplemente sabe más que la mayoría, y se encarga de demostrarlo. Quizás con superioridad y algo de ego, pero sobre todo demostrándolo. Y siempre dejando huella. Este es el ‘método Lucho’.

Los actos hablan más alto que las palabras

Más allá de todo esto, lo más revelador de Luis Enrique es su mentalidad. Una mezcla indestructible de fe, carácter y resiliencia capaz de vencer cualquier obstáculo. Pocas cosas en la vida rompen a una persona como perder un hijo. Y sin embargo, apenas tres meses después de la muerte de Xana, Lucho volvía al banquillo de la selección española. Con el corazón roto pero con el doble de ambición que antes. Y lo más admirable de todo, es la filosofía con la que ha afrontado una tragedia así. Siempre con una sonrisa, siempre hacia adelante, con una mentalidad positiva que pocos serían capaces de mantener en circunstancias semejantes. Pero este no es el único ejemplo de su extraordinaria fortaleza mental.

En su etapa como seleccionador español, Luis Enrique fue víctima de una campaña de desprestigio enorme contra su trabajo. Su eliminación ante Marruecos en el mundial fue la oportunidad perfecta para que sus detractores salieran. Una presión mediática que terminó provocando su destitución. Porque Lucho siempre ha cargado con una mochila pesada de detractores. Su fuerte vinculación con el barcelonismo, su carácter sin filtros y algunas decisiones deportivas han chocado frontalmente con un sector importante del periodismo y de la afición española, generando una guerra constante que él nunca buscó pero tampoco rehuyó. Se cuestionaron sus decisiones, su estilo, su actitud. Todo. Y aún así, eso, lejos de empequeñecerle, le hizo más grande. Las críticas siempre han alimentado el hambre de Lucho. Son su gasolina.

Aunque mediante esa presión constante consiguieron arrancarle el cargo de seleccionador, en Francia las cosas podrían ser distintas. Lejos del foco mediático español, parecía que podría trabajar más tranquilo. Pero allí tampoco se libró. Tras caer eliminado ante el Borussia Dortmund en semifinales de Champions, siendo favoritos, los palos no tardaron en llegar. Y se intensificaron con la marcha de Mbappé, una salida ante la que el asturiano jamás mostró la menor preocupación. Es más, llegó a decir que sin él iba a «controlarlo absolutamente todo». Eso, precisamente eso, terminó de dinamitar la confianza de la afición parisina y la prensa francesa. ¿Cómo podía el PSG ser mejor sin su mayor estrella? ¿Cómo iba a ganar la Champions quien no lo había logrado ni con él? Nadie confiaba. Nadie, excepto él.

Dos años después, el Paris Saint-Germain es bicampeón de Europa, con un triplete entre medio. Desde entonces, solo dos equipos han logrado eliminarles en cualquier competición. El Paris FC en octavos de final de la copa francesa esta temporada, y otra el Chelsea, en la final del Mundial de clubes. Ahora, el PSG es prácticamente imparable. Y a Lucho, le han bastado dos temporadas para cambiar la historia del club, y sobre todo, su identidad.  En la cara de todos sus detractores. Porque, repito, ¿quién va a conocer mejor su equipo que él? ¿Quién va a saber lo que quiere plasmar en el campo mejor que alguien que lleva toda su vida en este deporte, primero como jugador y luego como entrenador? Como tituló su documental producido por Movistar+ en 2024 antes de lograr todo esto con el París, la respuesta siempre estuvo clara: «No tienen ni puta idea».

Resiliencia, fe y convicción

Luis Enrique es el perfecto ejemplo de que, con fe y convicción en lo que haces, con trabajo silencioso, teniendo la piel suficientemente gruesa para manejar críticas y con la resiliencia para absorber los golpes, puedes lograr cualquier cosa que te propongas. Un ejemplo de que tu seguridad no tiene que ser defendida, sino demostrada. Perdió a una hija, fue destituido, ha sido criticado… Pero siempre ha seguido hacia delante. Cada día con más ambición y siempre con una sonrisa. Si la fortaleza tuviera un nombre, este sería Luis Enrique.

Su logro con el PSG no ha sido suerte, ni tampoco casualidad. Eso es mentalidad. Alguien que sabe exactamente quién es y lo que vale, y que no necesita el aplauso de nadie para seguir creyendo en ello. La de alguien que convierte cada crítica en combustible.

Pero, al final, la historia de Luis Enrique no se explica por los títulos, va más allá de eso. Es la historia de alguien que jamás se ha rendido, que transformó las críticas en elogios y que demostró, una vez más, que en el fútbol y en la vida, quien gana es quien demuestra. Porque hablar no es lo mismo que hacer. Ante todo, solo queda arrodillarse ante Luis Enrique.

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Autor: Jan Sierra | Twitter: @jansierrafcb

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