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Historias del fútbol español: Cuando el derbi sevillano se jugó sin público… y cambió para siempre

El Sevilla FC y el Real Betis protagonizaron uno de los derbis más extraños y tristes de la historia del fútbol español. Ocurrió en junio de 2020, tras el parón por la pandemia. El derbi sevillano volvió… pero lo hizo sin público. Y nada volvió a ser igual.

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El Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán estaba vacío. Sin bufandas, sin cánticos, sin esa tensión que convierte este partido en algo que va mucho más allá del fútbol. Solo gradas mudas, eco en cada pase y un silencio que incomodaba incluso a los propios jugadores.

El derbi se jugó. El Sevilla ganó. Pero nadie lo celebró como siempre. No hubo explosión emocional, ni calles tomadas, ni orgullo compartido. Fue un partido oficial, sí, pero desprovisto de su esencia. Por primera vez, el derbi sevillano parecía un entrenamiento de alto nivel.

Desde casa, la sensación fue aún más dura. Las cámaras mostraban un estadio irreconocible. Se escuchaban las órdenes de los entrenadores, los gritos de los futbolistas y hasta el golpeo del balón. Lo que normalmente se pierde entre el ruido, ese día quedó al descubierto. Y quedó claro algo: sin gente, el derbi no impone.

Para los jugadores, el impacto también fue evidente. Sin la presión de la grada, sin el empuje emocional, el partido perdió parte de su carácter. El miedo a fallar desapareció. La épica también. El derbi dejó de ser una guerra emocional para convertirse en un ejercicio profesional.

Ese Sevilla FC– Real Betis marcó un antes y un después. Demostró que el fútbol puede jugarse sin aficionados, pero también que no es el mismo deporte. Que hay partidos que nacen para ser vividos con gente y que, sin ella, pierden su razón de ser.

Cuando el público regresó meses después, algo había cambiado. Se valoró más la grada. Se entendió mejor su peso. El derbi sin público dejó una enseñanza que no aparece en ninguna clasificación: el fútbol sin aficionados puede sobrevivir, pero no puede latir.

Aquel día no se perdió un partido.
Se perdió la ilusión de creer que un derbi podía existir sin su gente.
Pero este fin de semana viviremos de nuevo El Gran Derbi

Autor: Izan Delgado

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