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Historias del fútbol español: El ‘dopaje’ de Guardiola

En el año 2001, Pep Guardiola, entonces futbolista del Brescia italiano, vivió uno de los episodios más turbulentos de su carrera. Era un momento en que el calcio estaba repleto de estrellas y en el que varios jugadores de distintos clubes comenzaron a aparecer en informes médicos por niveles elevados de nandrolona, una sustancia prohibida.

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Guardiola, que había dejado el FC Barcelona para vivir una nueva etapa en Italia, fue sometido a un control rutinario tras un partido de Serie A. El resultado arrojó un valor de nandrolona por encima del límite permitido. Tiempo después, una segunda prueba confirmó el mismo resultado. A partir de ahí comenzó un proceso largo, complejo y profundamente mediático.

El futbolista siempre sostuvo su inocencia. No hubo excusas extravagantes ni explicaciones rocambolescas: Guardiola defendió desde el primer momento que nunca había ingerido la sustancia de forma consciente y que el resultado era fruto de un error o un proceso metabólico no comprendido. La defensa argumentó que, en aquellos años, existían inconsistencias científicas en cómo se medía la nandrolona y cómo ciertos suplementos legales podían provocar metabolitos similares.

Pese a ello, la justicia deportiva italiana dictó una sanción inicial: meses de suspensión y una fuerte multa económica. Guardiola, lejos de aceptar el veredicto, decidió continuar la batalla en los tribunales ordinarios. Fue un proceso largo, con peritajes médicos, declaraciones de expertos en metabolismo y revisiones de laboratorio.

Durante esos años, Guardiola siguió jugando al fútbol, demostrando su profesionalidad y manteniendo su reputación personal intacta ante la mayoría de compañeros y entrenadores que confiaban en él.

Finalmente, en 2007, después de seis años de idas y venidas judiciales, la Corte de Apelación de Brescia revocó la condena y absolvió completamente a Guardiola, reconociendo que no existían pruebas concluyentes que demostraran que hubiese consumido nandrolona de forma voluntaria ni ilícita. Su nombre quedó limpio tanto a nivel deportivo como penal.

El caso cerró un capítulo doloroso y dejó a Guardiola listo para iniciar su carrera como entrenador, que lo terminaría convirtiendo en una de las figuras más influyentes de la historia del fútbol moderno.

Para la memoria futbolística, aquel episodio permanece como uno de esos momentos donde la ciencia, la legislación y el deporte chocaron en un terreno difuso. Y para Guardiola, fue la demostración de que incluso los personajes más admirados pueden atravesar turbulencias inesperadas, siempre con la convicción de que la verdad acabaría imponiéndose.

Autor: Izan Delgado

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