Better Call Merino

Mikel Merino celebrando su gol ante Bélgica | Photo by David Ramos/Getty Images
El pasado viernes, la selección española derrotó a Bélgica por 2-1 y se clasificó para las semifinales de la Copa del Mundo 16 años después, alcanzándolas por segunda vez en su historia. Cuando todo parecía indicar que el partido se marcharía a la prórroga, volvió a aparecer el héroe de la Roja. Volvió a aparecer el de siempre. Volvió a aparecer Mikel Merino. Un cabezazo en el 88′ bastó para darle la victoria a España cuando el reloj ya empezaba a mirar hacia el tiempo extra. Jugador de momentos importantes.
Otra vez. Lo volvió a hacer. Otra vez Mikel. No le bastó con eliminar a la anfitriona Alemania en los cuartos de final de la Eurocopa 2024, marcando en el 119′ de la prórroga, en la última jugada del partido. Tampoco le bastó con decidir los octavos de final de este Mundial frente a Portugal con un gol en el tiempo añadido. Tuvo que repetirlo en cuartos de final ante Bélgica. En el 88′. Cuando todo apuntaba a otra prórroga.
¿Qué habría sido de España si aquellos cuartos de final ante Alemania se hubiesen decidido en los penaltis? ¿Cuántas historias hubieran tenido un final distinto? Precisamente España, con el recuerdo aún reciente de Marruecos en 2022, Italia en 2021 o Rusia en 2018. ¿Qué habría sido de la Roja si los octavos ante Portugal o los cuartos frente a Bélgica hubiesen desembocado en treinta minutos más, después de noventa en los que fue una dificultad tremenda ver portería. ¿Qué habría sido de España sin Mikel?
Es ahí donde se marca la diferencia. Cuando la presión asfixia, el tiempo se agota, las piernas pesan más que nunca y las emociones se disparan. Es en esos momentos cuando solo unos pocos aparecen. Solo los mejores. Solo los distintos. Los que logran dar un paso al frente cuando todos los demás se empequeñecen. Mikel Merino pertenece a esa especie. El viernes volvió a demostrarlo. Se enfundó otra vez la capa de superhéroe y, una vez más, salvó a España.
Si ocurre una vez, podríamos decir que es cuestión de suerte. Podríamos explicarlo con conceptos como oportunismo, intuición, olfato o corazonada. Pero cuando ocurre una y otra vez, deja de ser suerte. Deja de ser casualidad. Y, sobre todo, deja de poder explicarse como algo normal, porque Mikel Merino, es un fenómeno paranormal. No se puede explicar, porque hay algo más allá de lo que podamos comprender. Hay algo en él que escapa a la lógica. Algo que no se puede argumentar únicamente con conceptos futbolísticos. Llámalo aura, llámalo momentum, llámalo destino. Da igual el nombre. Tiene ese algo que distingue a los elegidos. Ese don para aparecer cuando el partido se vuelve muy delicado y el resto de futbolistas se empequeñecen.
Ante Portugal, entró en el 85, y solo 5 minutos le bastaron para darle la victoria a España. Ante Bélgica, entró en el 85 y solo 3′ le bastaron. Como dirían los ingleses: Clutch.
Así explicó su tanto ante el equipo portugués: “Lo ves claro desde que calientas, cuando sales al campo tienes una idea de donde puedes hacer daño. Entendiendo a quién fijar y a quién no. A pesar de que no es mi fuerte atacar en el espacio, lo vi claro”. Esa visión solo la poseen los elegidos. Aunque, quizás si cabe lugar para un pequeña explicación para el fenómeno del navarro: “Encima jugábamos de blanco y rojo, estaba escrito que me tocaba en San Fermín, no sé qué tiene que me ayuda”, dijo tras el partido. Venerado por San Fermín y elegido por Dios. Mikel es el hijo predilecto del destino. Pero el destino no escoge a cualquiera.
El destino ha querido escoger a un tipo humilde, sobrio y sereno. A alguien con los pies en la tierra, alejado del foco, de los excesos y de los lujos. A un futbolista que estuvo a punto de perderse la cita mundialista por lesión. Como en su día quiso el destino con una historia y una personalidad muy parecida, la de Iniesta. No es casualidad. No es suerte.
Desde su debut con la absoluta en 2020, Merino suma 12 goles y 5 asistencias repartidas en 49 internacionalidades. Pero las estadísticas, por sí solas, no cuentan toda la historia.
Once de esos doce goles han llegado en sus últimos 24 partidos. En los 25 anteriores, tan sólo había anotado uno. Todo cambió aquella noche de Stuttgart, cuando eliminó a Alemania y se presentó definitivamente al mundo. Desde entonces, dejó de ser únicamente un gran centrocampista para convertirse en el hombre de los momentos decisivos. Durante la fase de clasificación para el Mundial ya había dejado pistas de esa transformación. Firmó seis goles, incluido un hat-trick frente a Turquía, confirmando una faceta goleadora que no ha dejado de crecer con el paso del tiempo.
Es un llegador implacable. Un rematador letal. Un futbolista capaz de aparecer desde la segunda línea con un instinto único. Y, al mismo tiempo, un futbolista super polivalente. Le hemos visto actuar como centrocampista más retrasado, más adelantado, en la mediapunta o incluso de nueve. Sobre el papel lleva el dorsal y las funciones de un ‘6’, pero ya no sabemos si es más ‘9’ que ‘6’. Y eso, en una selección plagada de talento, tiene todavía más mérito.
En el equipo de los Lamine, de los Pedri, los Olmo o Nico Williams, Mikel Merino ha pasado de ser un complemento para convertirse en una pieza imprescindible para Luis de la Fuente. No necesita acaparar focos ni portadas. Le basta con aparecer cuando el partido lo reclama.
La realidad es que, ya podemos afirmar que Mikel Merino es uno de los jugadores más importantes de la historia de la selección española. Las grandes leyendas de la selección protagonizaron un instante que las define. Un gol. Una noche. Un recuerdo imborrable. Algunos privilegiados llegaron a tener dos. Pero para Mikel, ya son 3. Tres goles sin los que, probablemente, España no habría levantado la Eurocopa de 2024 y no sería actual semifinalista del mundo. Y quien sabe cuantos faltan por llegar.
Por eso, cuando tengas un problema, mejor llama a Merino.
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Autor: Jan Sierra | Twitter: @jansierrafcb
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